¿SENTENCIA DE MUERTE POR ENFRENTARSE A LOS CENSORES SIRIOS?

Traducción de Elena Cal Atán y Elisa Marvena
ORIGNAL

A los seres queridos de Bassel Khartabil se les sigue ocultando cualquier información sobre su paradero. A pesar de que se cree que el desarrollador de software palestino ha sido sentenciado a muerte en Siria, esto no ha sido confirmado oficialmente. Algunos rumores sugieren que la ejecución ya podría haber sido llevada a cabo.

La falta de información fidedigna está resultando extremadamente estresante para su mujer, Noura Ghazi.

“Esto perdiendo peso y mi cabello se cae” dice Ghazi. “Ni siquiera sé si está vivo o muerto”

En octubre de este año, Khartabil fue transferido desde Adra, una prisión en Damasco, a un lugar desconocido.

Al mes siguiente, fuentes que decían tener información desde dentro del gobierno sirio,contactaron con Ghazi. Le dijeron que Khartabil había sido sentenciado a muerte.

No le dieron más detalles. Lo único que ha podido verificar, con la ayuda de otros detenidos en Adra, es que la policía militar sacó a Khartabil de su celda en prisión.

Khartabil, también conocido como Bassel Safadi, ha estado encarcelado desde 2012. Por consiguiente, Ghazi y él se han visto forzados a vivir separados durante gran parte de su relación.

Se conocieron en abril de 2011, un momento de mucha esperanza entre los y las activistas políticas. Animadas por los levantamientos que derrocaron sin armas a dictadores en Egipto y Túnez ese año, se unieron al movimiento social contra el gobierno autoritario de Bashar al Asad.

De hecho, su primer encuentro tuvo lugar cuando ambos se dirigían de vuelta a casa tras una protesta en Duma, una ciudad cercana a Damasco.

Khartabil estaba en Siria de vacaciones en ese momento. Tenía un trabajo en Singapur y pensaba volver allí. Eso cambió, sin embargo, tras conocer a Ghazi, una abogada por los derechos humanos.

Khartabil usó sus habilidades informáticas como parte de su lucha por la libertad. Dotó a la Electronic Frontier Foundation, un grupo internacional por las libertades civiles, de información sobre páginas web bloqueadas por el régimen sirio.

Romántico

“No era el típico friki informático,” dijo Ghazi durante una entrevista por Skype desde Damasco, donde se ha comprometido a permanecer. “Es increíblemente romántico. Solía traerme una rosa cada día desde que nos convertimos en amantes hasta el día de su encarcelamiento.”

La pareja se iba a casar en marzo de 2012. Justo unos días antes de la fecha programada para su boda, Khartabil fue arrestado por los servicios de inteligencia militares de Siria.

Fue interrogado y torturado durante cinco días, y después llevado a su casa, donde se confiscaron sus ordenadores. Durante los nueve meses siguientes, permaneció incomunicado en dos centros militares de detención diferentes.

Finalmente, Khartabil fue conducido a Adra en diciembre de 2012. Aunque Adra es nominalmente una prisión civil, Khartabil fue juzgado por un fiscal militar.

En ningún momento se le permitió tener un abogado. No se le informó de los cargos a los que se enfrentaba.

El cambio trajo un pizca de alivio a Ghazi, ya que ahora podía visitar a su prometido. La pareja consiguió firmar su contrato matrimonial en prisión.

Un disidente político recluido en Adra al mismo tiempo que Khartabil dijo que era tremendamente conmovedor ver a Ghazi visitar a su nuevo marido.

“Me llenaba de esperanza cada vez que veía a esos dos amantes reunidos en ese lugar tan podrido,” dijo el ex prisionero a The Electronic Intifada en condición de anonimato.

Khartabil intentó mantener su mente activa dentro de prisión. Él y sus compañeros internos organizaron clases de árabe, inglés y matemáticas. Ya que sólo se les permitía visitar la biblioteca de la prisión una vez a la semana, los ardientes lectores conseguían libros de contrabando del exterior.

Aún así, Khartabil iba entrando en un estado cada vez más depresivo. Su mujer era su única fuente de fuerza.

SILENCIADOS POR EL MIEDO

Khartabil es uno de los más de 1.000 palestinos encarcelados en Siria. Al menos 427 palestinos han muerto desde 2011 después de haber sido torturados en cárceles sirias, según el Grupo de Acción en favor de los palestinos de Siria.

Casi con toda seguridad, esas cifras son subestimaciones. Según Ghazi, es “de esperar” que algunas familias hayan optado por no dar a conocer la detención de un ser querido. “Durante más de 40 años, hemos sido silenciados por el miedo”, dijo.

Nacido en Damasco en 1981, Khartabil es de una familia de Safed, en la región de Galilea, de la Palestina histórica. Fue atacada por fuerzas sionistas durante la Nakba, la limpieza étnica en 1948 de las ciudades y pueblos de Palestina.

Khartabil estaba comprometido tanto con la lucha por la liberación de Palestina como por lograr un cambio político en Siria. Según su mujer, estaba comprometido con “la emancipación colectiva.”

Es uno de los muchos palestinos que han asumido riesgos considerables en Siria. Su valentía es similar a la de Niraz Saied, fotógrafo que creció en Yarmouk, un campo de refugiados palestinos en Damasco.

Saied fotografió Yarmuk mientras era bombardeada desde el aire por las fuerzas del gobierno sirio. Lo detuvieron y encarcelaron en Siria en octubre de este año.

La mujer de Khatarbil comparte sus convicciones. “Crecí en una familia [siria] que considera la causa palestina como propia”, dijo Ghazi.

“Las paredes de nuestra casa estaban saturadas con mapas de Palestina e imágenes de Handalah”, añadió, refiriéndose al icónico niño refugiado dibujado por el caricaturista asesinado Naji al-Ali.

Cuando una vez le dijo a Khartabil que Palestina era el único lugar en el que estaba dispuesta a vivir, además de Siria, brotaron lágrimas de sus ojos. Hacer valer el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares era su “sueño supremo”, dice Ghazi.

Ghazi siempre supo que desafiar al régimen de Damasco era arriesgado. Su propio padre, un disidente político, había sido encarcelado cuando Hafez al-Assad, padre de Bashar, era presidente durante la década de 1980.

Aun así, no puede entender por qué el régimen está tan empeñado en castigar a su marido en un momento en el que Siria está en riesgo por grupos extremistas como el Estado Islámico.

“Si alguien puede ofrecer una alternativa al terrorismo y al extremismo, y puede realmente reconstruir el país y darle un poco de esperanza, es Bassel y gente como él”, dijo. “Pero los encarcelan, torturan y amenazan con la ejecución.”

Ghazi ha mantenido ocupada escribiendo un libro sobre su marido. Se basa en parte en las cartas que ella le mandó a Adra, y que Khartabil ha traducido del árabe al inglés.

Espera publicar el libro pronto. Sueña con que la publicación coincida con su salida de prisión. Pero le cuesta permanecer optimista.

“Si llego a verle de nuevo, igual me desmayo”, dijo. “Sólo quiero darle un abrazo y no soltarlo nunca. Quiero decirle que mi vida no vale la pena sin él. Nuestro país está en llamas; Bassel y yo somos dos pequeños detalles en medio de los escombros “.

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