Fallan las zanahorias e Israel saca el garrote una vez más

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Fuerzas de Ocupación israelíes montan guardia frente a un palestino que realiza las tradicionales oraciones del viernes en una calle fuera de la Ciudad Vieja de Jerusalén Este.

“Han matado la ciudad”, comentó una vendedora palestina de la calle en una casi vacía Puerta de Damasco. El lugar que una vez crepitaba con la energía y la gente,ahora está desprovisto de vida. En lugar de escuchar a los vendedores ambulantes gritando para vender sus productos y ver a los niños y adultos subir y bajar las escaleras de la Puerta de Damasco, lo único que se oye es el ruido de unos pocos autobuses en las noches.

“La gente está asustada. Las ejecuciones, las multas de tráfico y multas que recibimos por nada, las detenciones al azar…no nos sentimos seguros en Jerusalén en la noche”, dijo un conductor de autobús, que se vio obligado a pagar US $ 300 en multas de tráfico solamente en la última semana. Él cree que la policía israelí está utilizando las multas de tráfico y multas en general, para acosar a los palestinos y hacer su vida aún más insoportable.

Las personas que no tienen nada urgente que hacer después de las 6 de la tarde optan por permanecer confinados en sus hogares. Es un toque de queda autoimpuesto, que los palestinos se han visto obligados a adoptar debido a la violencia israelí.

“Me hubiera gustado ver la Ciudad Vieja, y en particular la Puerta de Damasco, con esta tranquilidad en la noche si no hubiera sido por las consecuencias de la ocupación israelí”, comentó un nativo de Jerusalén mientras caminábamos desde la calle Salah Eddin hacia la Puerta de Damasco, casi no encontramos ningún transeúnte. En días ordinarios, en esta área-una calle ocupada y dinámica conocida por ser uno de los espacios más concurridos en la ciudad ocupada; es prácticamente imposible no toparse con otra gente.

Pero, de nuevo, los últimos 50 días más o menos en Jerusalén, han sido cualquier cosa menos ordinarios.

Poco después que el estudiante de leyes palestino, Muhannad al-Halabi, mató a dos colonos israelíes en la calle al-Wad de la Ciudad Vieja – calle que ahora es conocida comúnmente con el nombre de al-Halabi por los palestinos locales – israelíes y fuerzas de ocupación impusieron restricciones sin precedentes y cierres en barrios palestinos y aldeas de Jerusalén.

Unos pocos días deataques continuos por jóvenes palestinos fueron suficientes para que los políticos, militares y el establecimiento de seguridad israelí se dieran cuenta que eran necesarias medidas extremas para reprimir este levantamiento. Y aplicaron medidas extremas, algunas de las cuales no se vieron incluso en lo más fuerte de la segunda Intifada.

Barrios obreros como al-Issawiyeh, del campo de refugiados Shu’fat, Silwan y Jabal al-Mukabber no son ajenos a los puestos de control y cierres. Pero no fue desde la primera Intifada que se había ordenado un cierre colectivo contra barrios palestinos de Jerusalén.

Puestos de control y bloqueos de cemento fueron incluso instalados en lugares que albergan consulados Occidentales, extranjeros y ONG financiadas por la UE, tales como los barrios de lujo de Sheikh Jarrah.

Mientras que Israel ha reducido gradualmente algunas restricciones y ha eliminado algunos puestos de control una vez que los ataques se han reducido, la ciudad sigue estando en alerta.

La seguridad y la presencia militar de Israel sigue estando omnipresente en la ciudad vieja, incluso cuando casi no hay palestinos alrededor.

Los residentes creen que esta fuerte presencia tiene como objetivo intimidar a los palestinos y recuperar un sentido de falsa soberanía sobre Jerusalén.

Regla colonial

Desde que la apariencia de calma y soberanía fue casi destrozada por los palestinos, Israel se ha visto obligado a recurrir a la represión brutal y la violencia pura y simple para reafirmar su control.

La violencia simbólica, la represión enmascarada y la burocracia asfixiante, aspectos que caracterizan el régimen colonial de Israel en Jerusalén, ya no podían contener a los palestinos y garantizar su obediencia.

Las zanahorias que el municipioocupado de Jerusalén trató de entregar a los palestinos después del levantamiento, a raíz de que quemaron vivoal colegial palestino, Muhammad Abu Khudayr, en julio del año pasado, no pudieron mantener a los jóvenes palestinos en sumisión.

Al siguiente mes de la sublevación por Abu Khudayr, hubo varias visitas realizadas por el Alcalde de la ocupada Jerusalén, Nir Barkat, a los barrios palestinos. Estuvo presente en las escuelas y jardines de infantes palestinos, comprometiéndose a poner fin a la política de décadas de negligencia y marginación. El municipio de ocupación ha intensificado sus esfuerzos para debilitar la conciencia nacional entre los palestinos, mediante incentivos para que los jóvenes se alisten en el “servicio nacional”, una alternativa al reclutamiento militar, y prometiéndoles varios beneficios a cambio.

Las actividades extracurriculares realizadas por “centros comunitarios”- financiados por Israel, se han celebrado en varios barrios palestinos como parte del plan para mitigar el lanzamiento de piedras contra la policía israelí.

Algunos caminos ya estaban abiertos y estudiantes palestinos han sido activamente alentados a estudiar en las universidades israelíes.

Sale el garrote

Esos intentos se derivaron de la opinión que, con el fin de garantizar la obediencia palestina, es necesario mejorar sus condiciones económicas, mientras dejan completamente de lado su identidad nacional y política.

A pesar de unos meses de relativa calma, la fragilidad de esas políticas fue rápidamente descubierta.

El espíritu de resistencia que se extendió por las zonas palestinas en Jerusalén durante el levantamiento de Abu Khudayr, se reavivó en octubre. Intentos diplomáticos por parte del ayuntamiento de ocupación para matar ese espíritu, calmar a los palestinos, y engañar con falsas promesas de mejora económica y una mejor infraestructura, resultaron inútiles. Y a medida que los palestinos de Jerusalén tiraron lejos las zanahorias ofrecidas por sus opresores, el opresor se vio obligado a blandir sus garrotes.

Pocos lugares han experimentado la crueldad de estar sitiados y las incursiones de Israel comoha sufrido Issawiyeh. La villa rebelde, un sitio de confrontación regular con las fuerzas de ocupación israelíes, incluso durante los períodos relativamente tranquilos, ha pagado un alto precio durante el actual levantamiento también. Todas, menos una de las entradas a la aldea, fueron selladas con bloques de cemento de hormigón en octubre.

Huda Darwish, una mujer de la aldea, de 65 años de edad, fue víctima de esta clausura. Después de caer enferma y necesitar tratamiento, debido a la inhalación de gas lacrimógeno lanzado por Israel en su casa, la mujer se retrasó en llegar al hospital debido al bloqueo, lo que le causó la muerte. El cierre también afectó a miles de estudiantes y trabajadores de la aldea, que el año pasado tuvieron que hacer frente a un cierre similar por casi dos semanas.

Los cierres, el asedio, el castigo colectivo y el aumento de la militarización apuntan a sofocar a las comunidades, rompiendo todo espíritu de rebelión y alienar a la gente en contra de los jóvenes líderes de la resistencia.

Algunos palestinos, sin embargo, logran ver un resquicio de esperanza.

“Con lo frustrante que es ir a través de todos estos puestos de control y moverse a través del cierre, estoy feliz por una cosa”, dijo Jihad Khatib, un joven activista de Jerusalén. “Estoy feliz de que la gente se dio cuenta de nuevo que estamos bajo ocupación militar, porque Israel siempre ha tratado de presentar su control sobre Jerusalén como civil y pacífico”.

Tal vez uno de los logros más importantes de la sublevación actual es que se quitaron la máscara pacifista con la que Israel trató de envolver su represión y políticas de colonización.

El levantamiento también ha desgarrado, una vez más, el mito de la “capital unificada”, que Israel ha trabajado desesperadamente por reforzar en los últimos cinco decenios.

Israel ha empleado una serie de medidas represivas y punitivas para someter la actual revuelta juvenil, incluyendo ejecuciones sumarias y detenciones masivas; tortura de niños prisioneros; demoliciones punitivas de casas; amenazas de revocación de residencia y expulsión; retener los cuerpos de al menos 30 mártires palestinos muertos desde octubre, entre ellos 11 de Jerusalén; dispositivos de cierre, de restricción de circulación y multas arbitrarias; y es probable que se amplíe la lista.

Esas tácticas podrán haber tenido éxito en detener los ataques individuales por ahora, pero están lejos de aplastar el levantamiento.

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